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Mártir

23 octubre 2014

En una aldea perdida de África, un nuevo mártir levitaba con los brazos en cruz, entre moscas, hambre y raciones de emergencia. En su mirada infinita, dos pozos al otro mundo, se perdieron extasiados cien misioneros y doscientas monjas, cuatro obispos y dos cardenales. Tenía hambre de santidad y se llevó a los más beatos. No podía haber lugar para la duda, alguien tuvo que rematarlo antes de que llegara el Papa para la canonización.

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Siluetas en quiebra

10 octubre 2014

Nunca nadie le había preparado para un trabajo tan aparentemente sencillo. Cinco años para licenciarse como economista, otros cinco como matemático y estadístico, un largo maratón dedicado a las finanzas, hablaba con soltura tres idiomas. Por eso le sorprendía tanto su rutinaria tarea: una mesa llena de mapas mudos, un suelo negro. Y dibujar con tiza blanca y exactitud de geógrafo la silueta, en el suelo, de los países que iban cayendo uno tras otro.

Museo Venecia

4 noviembre 2012

Desamor, desecho de la rutina, es una Venecia recién anegada por las frías aguas.

Vivos en el hundimiento, nos mantienen en pie las espinas inseparables de nuestra carne.

Salvémonos de la corrupción que lo ahoga todo en orgullosas ruinas sumergidas, ondulante espejo de tedio.

Sin rescoldos de su fundación. Un museo de incendios polvorientos y olvidados, nuestros incendios, salas vacías.

Taxidermia viva del hogar, a salvo de las polillas. Sí, pero también de nosotros.

Rueda la bola de cristal de un souvenir hortera, comprado en un polvoriento museo, gira y de un falso cielo sobre una ciudad de cartón nos llueven lágrimas de plástico y purpurina.

Memoria de colchón

17 agosto 2012
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Guardo mis recuerdos, muelles, en el colchón
circunvoluciones de neuronas
retorcidas en una espiral de memorias:

Desde el centro de tu sexo
mi lengua salpica espasmos en ondas
hasta tus quejidos ansiosos y profundos.
En una fusión repentina nos dibujamos líquidos
derramados flotamos en tempestades dulces.

Tibia leche agria de semen redondea tu pecho
jugo salado transparenta mi boca ávida.

Una vez más no fuimos sino felices manchas sobre las sábanas.
Y los muelles de mi colchón, a solas, repiten durante el día las melodías que aprenden de noche.

Publicado en Erosionados, un interesante blog literario y erótico de Adriana Bañares, donde puedes enviar tu material más sucio, o más delicado.

C.E.O.

16 marzo 2012

José Buendez estaba perdido y completamente fuera de lugar en aquella lujosa sala de juntas. No le quedaba grande el inmenso espacio de la sala, sino el lugar. José es un humilde matarife, un artesano de la carnicería y el despiece, y había estrechado, uno por uno, la mano a aquellos ejecutivos, una mano gruesa, callosa y aún con restos de sangre y carne animal en las uñas. Un tipo imponente, muy estirado en su traje y en su importancia, sentado en el centro del estrado se dirigió a él:

-Nuestro CEO ha muerto, señor Buendez. La cultura organizacional de nuestro holding está huérfana, necesitamos de gente como usted.

Esto no hizo más que aumentar sus dudas, las manos le sudaban, ¿para qué le habían sacado del matadero?

– Por favor, señor Buendez, muestre sus habilidades a nuestra junta directiva. Proceda.

Nada más acabar sus palabras un par de ayudantes con trajes impecables le trajeron sus cuchillos, tan limpios como nunca los viera. Una hermosa joven ejecutiva traía una ternera dócil hasta el centro de la sala. A José no le cuadraba el lugar, pero ahora sabía lo que se esperaba de él. Afilaba el cuchillo, con paso automático hacia el animal. Con un tajo limpio seccionó el cuello de la ternera, una tubería rota, un río de sangre que ya no manaba al corazón del animal, sino hacia los zapatos carísimos de los directivos. A José ya no le inquietaba la mirada de ningún animal degollado, pero se le erizaron los pelos de los brazos al hundirse en los ojos de esa gente. Todos miraban ávidos y depredadores, pero contenidos. Hasta que el hombre importante sentado en el centro gritó entusiasmado:

-¡Es usted el héroe de nuestra burocracia, aquél del que hablaban nuestras leyendas corporativas, ¡CEO!¡CEO!

Gritaban, y se revolcaban entre la sangre, ¡CEO!¡CEO!, a los pies de José, que pensaba en que ya no llevaría más carne gratis a casa.

Alicia contra los ninjas del frío

16 marzo 2012

Alicia contra los ninjas del frío (Alice against frozen ninjas)

Dani juega al escondite…

21 octubre 2011

Dani juega al escondite...

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