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ERE

4 febrero 2010

Hace sólo un rato Genaro se reía de esas galletas chinas de la suerte, supersticiones, la comida no es para jugar a las adivinanzas. Para contentar a sus chicos cenaron en el chino. Además no le hizo ninguna gracia que el papel dentro de la galleta, que a punto estuvo de tragarse, le mencionara el despido, eso ni se mienta.

Una pausa en el tajo de la obra cochambrosa, Genaro se encorva ante un precario fuego de alcohol, donde bulle el contenido de su tartera metálica: una sopa de letras, caldo aguado y turbio, un soso abecedario de trigo hinchado por el agua caliente. El antes escéptico albañil ya no lee las nutritivas letras de cereal que flotaban otras veces. En el remolino entre cada cucharada, su futuro flota sólo con tres letras: ERE.

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